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MANUEL MARTIN EL BI-PRESIDENTE: DOS ETICAS DE CRIA VERGONZOSAS No soy socio ni de la Canina ni del Real CEPPA. Lo voy diciendo para evitar suspicacias y determinar mi posición en un terreno que me permite ver lo que, inexplicablemente, aquellos que son socios de alguna o de las dos asociaciones, o de las dos, consienten; o simplemente, no les preocupa. También quiero dejar claro que no cuestiono los conocimientos del bi-presidente Manuel Martín en la especialidad de la raza del Perro de Pastor Alemán. Y quiero que quede claro que pretendo exponer lo que desde mi atalaya de observador y periodista jubilado, con mucho cariño por los perros, sin duda por el Pastor Alemán, he ido aprendiendo. Incluso es posible que no me haya enterado de la misa a medias pero de lo que veo, sí. Llego a este asunto de la cría y el adiestramiento cuando mi edad ya no está para fajarme con demasiados aprendizajes. Mis perros eran antes una cosa parecida a un Pastor Alemán, siempre regalados por algún amigo, y hará unos siete u ocho años que adquirí el primero con papeles, y poco tiempo después se me ocurrió criar, pues era una hembra. A partir de aquí aprendí que no bastaba con que estuviese inscrita en el Libro de Orígenes (para los no iniciados es el Libro donde se inscriben al nacer las camadas, que gestiona la Canina, del que luego dimana el pedigrí) sino que para utilizar el reproductor de un amigo, tenía que disponer del tatuaje del Real CEPPA (que es el Club del Perro de Pastor Alemán). Pensaba yo que con el LOE y el pedigrí ya tenía papeles suficientes, y me empecé a enterar que necesitaba el tatuaje del que carecía, y mi perra tenía que acudir a una exposición monográfica de la raza para que un juez especialista me diese el apto para la cría, y, a mayores, un veterinario autorizado por el Club tenía que radiografiar la perra para ver si padecía displasia de cadera, algo que ese veterinario autorizado por el Club podía ver perfectamente en la radiografía, pero no diagnosticar, pues su misión concluía en hacerla, para luego enviarla al Club, para que a su vez la enviasen a Alemania donde un prestigioso catedrático –y se supone que unos cuantos alumnos en prácticas- se encargase de decir si esas caderas estaban correctas o no, y en el segundo caso, no se podría criar con la dichosa perra. Vamos viendo que lo que un veterinario en España no puede diagnosticar, sí lo puede hacer un alumno en prácticas en Alemania, porque es materialmente imposible que el prestigioso catedrático examine personalmente todas las radiografías que desde todos los clubes de raza del mundo le envían. Es el aro que impone el Club alemán, que es el poder absoluto en esta raza, y por delegación, los clubes de todo el mundo siguen sus dictados sin atreverse a replicar para no perder el favor de que sus jueces vengan a las monográficas nacionales. Ya no me paro a explicar a los no iniciados –lo haré en otro boletín- lo complicado que son los trámites para tatuar un cachorro bajo las exigencias del Real CEPPA. Una vez que aprendí todo esto de los distintos papeles que según qué camino se sigue en la cría, se exigen, empecé a diferenciar dentro de la raza del Pastor Alemán la calidad de los ejemplares, primero de los que devienen de cruces heterodoxos de los que devienen de los ortodoxos, luego de los de línea de trabajo y línea de belleza, y metido en lo segundo, las diferentes líneas de los cuatro o cinco grandes sementales de la historia de los últimos treinta años. Como último escalón en el aprendizaje, me percaté de que todos los modernos pedigríes culminan en prácticamente los mismos tatarabuelos y tatarabuelas, o lo que es lo mismo: se trabajó en origen con un cierto grado de consanguinidad para fijar una raza artificial, como la mayoría de las que en la actualidad están reconocidas. Manuel Martín es un hombre más bien de edad, o sea y en términos de la actual juventud, un viejo. Es abogado y pienso que ya no ejerce. Lleva toda la vida metido en esto del perro de Pastor Alemán, y es una autoridad en la materia en España. Actualmente es el presidente del Real Club del Perro de Pastor Alemán (Real CEPPA), y juez internacional de la Raza reconocido por el Club Alemán, que es la cúspide de lo que se puede llegar a ser. La Real Sociedad del Fomento de las Razas Caninas, por lo práctico: La Canina, es la asociación que reúne a todos los aficionados y criadores profesionales de todas las razas, y tiene como "mango de la sartén" la llevanza del Libro de Orígenes (LOE), al que ya me he referido. Controla todas las exposiciones, por las que cobra un canon; también cobra por cada cachorro de cada camada, cuando se inscriben; y cobra por extender el oportuno pedigrí de cada perro. Aparenta una sólida estructura de ámbito nacional, pero lo cierto es que todo funciona bastante mal y en plan cutre. Una estructura que controla el LOE debería de funcionar con criterios bien diferenciados entre quien cría por afición y quien lo hace con un fin comercial, y estos últimos tendrían que estar más motivados y ser quienes soportasen el peso de la financiación de la Canina, para sacarla de ese entorno cutre y casposo en el que se mueve. En el entorno de la Canina, sus dirigentes fueron delegando atribuciones en grupos que se constituyeron en entidades de organización de exposiciones caninas, que garantizaban los ingresos y dejaban a los dirigentes la labor de sacar pecho y dejarse ver en este tipo de eventos, mientras los otros se encargaban de todo. Unos estaban en la apariencia y otros a la pela. Los organizadores profesionales, bien conectados con los criadores profesionales, aseguraban el éxito aparente de los eventos caninos ante las instituciones patrocinadoras (ayuntamientos, diputaciones, fábricas de piensos, etc.), éxito de casi siempre los mismos expositores, y todo el tinglado funcionaba bien engrasado con saneado reparto de dividendos y descapitalización de la Canina, cada vez más cutre, más casposa, controlada y pobre. Todo era pacíficamente consentido, porque los intereses de los más influyentes directivos de la Canina eran los de los organizadores, pues en este asunto todo está revuelto: Los dirigentes son criadores, los criadores son organizadores, los organizadores son jueces, los jueces son dirigentes, y así hasta comerse bien comida la pescadilla que se muerde la cola. El Real CEPPA es el club de raza más fuerte e influyente de todos. Más de la mitad de las inscripciones en el LOE lo son de camadas de cachorros de Pastor Alemán. Hace unos pocos años se produjo un enfrentamiento entre el Real CEPPA y la Canina por cuestiones del control de las exposiciones. El Real CEPPA no admitía ciertas imposiciones, interesadas, del entorno de la Canina y denunció una situación vergonzosa que ya sobrepasaba la dignidad de todos. Esto vino a coincidir con otros intereses no previstos en el mundo del perro, como por ejemplo, los medios informativos especializados, que surgieron como hongos como soporte de difusión de numerosas marcas de piensos, productos farmacéuticos, clínicas veterinarias, centros de adiestramiento, guarderías, etc. y el contencioso concluyó en el Juzgado de Guardia donde el presidente del Real CEPPA, Manuel Martín, impuso su tesis y destrozó a la directiva de la Canina que salió, nunca mejor dicho, con el rabo entre las piernas. Elecciones, se presenta Manuel Martín, y sale elegido, de forma que pasa a disponer de las dos poltronas más importantes del mundo del perro en España. Tras este hecho el bi-presidente catalizó las esperanzas de muchos aficionados y profesionales, pues se daba por seguro que era las persona idónea para reestructurar y modernizar ambas asociaciones. Lo previsible sería que Manuel Martín dejase el sillón del Real CEPPA a alguno de sus colaboradores, que los tiene y buenos, y se dedicase en cuerpo y alma a sacar a la Canina de aquella situación lamentable. Pero para un hombre de la edad de Manuel Martín constituye un sueño el verse aupado a las dos poltronas en el momento más dulce del mundo del perro en España, con varias revistas que se ocupan del tema, prestigiosas exposiciones internacionales que dependen de su autoridad, reclamado constantemente como juez en diversos países de Hispanoamérica y Europa, con exposiciones monográficas del Perro de Pastor Alemán cada vez más concurridas y con mayor calidad, con buenos centros de adiestramiento y hasta con programas semanales de TV en los que el perro es protagonista. ¿Se podía pedir más? Han ido pasando los años y Manuel Martín no deja ninguna de las dos poltronas, y en tanto que las mantiene, ni el Real CEPPA va a mejor, ni la Canina ha conseguido salir de su situación cutre y casposa. La Canina en términos jurídicos es una asociación más; pero en la realidad es el centro neurálgico del control de la cría del perro en España. Los aficionados y los profesionales pertenecen a ella; y los organizadores de exposiciones también; todos los clubes están integrados. La Canina lo controla todo porque dispone de la llevanza del LOE, porque así lo ha decidido el Ministerio de Agricultura que es el responsable final. Esto no va a cambiar ni siquiera a largo plazo, y quienes intentaron romper con el sistema, han ido fracasando unos detrás de otros. Es, como alguien dijo de la prostitución, un mal necesario. Sería lo ideal que la Canina fuese una federación de clubes de raza y de criadores profesionales, y no una asociación en la que se puede ser socio a título individual y colectivo. Porque de facto, podríamos decir con el símil futbolero que la Canina es la Federación y el Real CEPPA el Real Madrid, y gran patraña sería que el presidente de la Federación fuese el mismo que el del Real Madrid. Y esto es lo que al final ocurre en el mundo del perro en España, que el presidente del club más poderoso es a la vez el presidente de lo que viene a ser el club de todos los aficionados y profesionales, y de todos los demás clubes y organizaciones. Algo inconcebible y vergonzoso, pero cierto. Está creciendo todo lo que está relacionado con el perro menos su centro neurálgico. La Canina tiene que encaminarse a una sede administrativa sin más. El Real CEPPA, como los demás clubes de raza, tiene que ser un centro con vida social. Mientras tengan el mismo presidente los fines de ambas estructuras se estorban, y uno asfixia al otro. En esta estrafalaria situación, y centrándonos en el Pastor Alemán, el bi-presidente Manuel Martín predica desde la desvergüenza más clamorosa con dos éticas de cría diferentes, según se traté de monográficas de la raza que controla el Real CEPPA, o exposiciones que controla la Canina. Dos éticas: una que obliga a grandes controles y costosos requisitos para criar, y otra y en claro perjuicio de la raza, en la que todo son facilidades. Y para que la confusión sea más patente, los jueces de raza actúan indistintamente en ambas líneas. No puede haber dos éticas (dos discursos) y menos en quien cogió un día el látigo para fustigar a los aprovechados y los expulsó del entorno del perro. Pero las hay; se ha perdido de vista a los gorrones que buscaban dividendos concretos en pesetas y céntimos, y, ahora, sin poder acusar al bi-presidente Manuel Martín de pesetero, está cada vez más claro que a su edad no renuncia a nada y busca el último adorno para su ego en su inevitable ocaso, lo que hace presumir un final cada vez más cercano con salida por la puerta falsa. La edad no perdona. Nadie se atreve a competir con él; todos esperan que los años dicten sentencia. La Canina sigue siendo una institución cutre sin imaginación y sin unas metas claras que diferencien lo profesional de lo aficionado, que se limita a llevar el LOE, a percibir derechos por la inscripción de las camadas, por expedir pedigríes, por autorizar exposiciones. Nada más. El criador que tiene la mala suerte de que no le permitan utilizar sus reproductores en el Real CEPPA por presentar displasia de cadera, no tiene problema: Cría por la Canina, acude a las exposiciones de la Canina, llena su criadero de diplomas firmados por los más prestigiosos jueces internacionales de la raza, de copas y trofeos, y sigue inscribiendo camadas en el LOE sin mayores dificultades. A la hora de vender los cachorros sabe que su pedigrí es exactamente igual que si hubiese criado con las condiciones del Real CEPPA, e incluso puede tatuar directamente los cachorros con una numeración propia. Como garantía, puede decir que el presidente que respalda la vía de la Canina para sus Pastores Alemanes y firma los diplomas con los jueces, es el mismo que respalda la vía del Real CEPPA: Manuel Martín. ¿Dónde está la ética de este bi-presidente? ¿Tiene vergüenza? Después de lo expuesto, mi consejo para los criadores aficionados es que no tiene ninguna ventaja pertenecer a ninguno de los clubes de raza ni a la Canina, sino que, según se necesite inscribir camadas o pedir pedigríes, que se haga y se satisfaga la tasa correspondiente que marca la Canina para los no socios. De esto viven. En cuanto a las exposiciones, acudir a visitarlas y establecer una comparativa entre lo que los profesionales presentan y lo que en casa tenemos. Nuestro perro siempre será el mejor de todos, si lo juzgamos nosotros. Si lo juzgan ellos, que son jueces y parte, lo nuestro por parejo que sea, siempre quedará atrás: Que si el húmero más recto, que si la grupa un poco corta, que si las angulaciones traseras, que si el movimiento… Después de leer dos o tres sentencias de un juez por muy internacional y alemán que sea, jamás logrará nadie explicar en qué se diferencia el EXCELENTE 7º del 8º, o el MUY BUENO 12º del 17º. De la misma manera que es inexplicable ni mucho menos justificable, que Manuel Martín presida simultáneamente la Canina y el Real CEPPA. |