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LAS MUERTES, LA CARRETERA
Y LOS LIMITADORES DE VELOCIDAD

Estos primeros días de la post “semana santa” son de análisis de las estadísticas de los muertos en las carreteras, sus causas y sus posibles soluciones. Por más leyes y limitaciones que se impongan, habrá muertos porque habrá accidentes, ya que el accidente de circulación se yuxtapone a la propia existencia del vehículo y de la circulación. Cuando no había automóviles, la gente se caía de los caballos, los mulos daban coces, y los carruajes volcaban. Y había heridos y muertos, y secuelas de estas situaciones. Siempre en proporción al número de caballos, de mulos y de carruajes que circulaban con personas.

Seguirán produciéndose accidentes y muertos y secuelas que le queden a los que salvan la vida. Tanto físicas como psicológicas. ¿Soy fatalista? Seguro que sí. Pero en charlas con los campistas más de una vez escucho (y otras compruebo) que se tiende a fardar de que con la caravana enganchada se “ponen” por encima de los 110 e incluso 120. Entonces no es cuestión de si el coche es potente, la caravana poco estable y las carreteras deficientes, sino de una actitud del ciudadano ante una situación que radica en unos casos en la impaciencia y en otros en el “fardoneo”.

Escucho tertulias de radio y TV, y siempre aparece ese periodista que opina de todo, y que reclama que los coches son excesivamente potentes, que los fabricantes deberían de limitar esa potencia o como mínimo dotarlos de limitadores de velocidad. Estos periodistas que saben de todo, aportan una empanada de conceptos insoportable, y lo más insoportable es que sus contertulios asumen estos criterios, pienso que porque no saben qué opinar. En un análisis técnico (ya que de fabricantes hablan) y desde la más elemental lógica e incluso desde la ignorancia, la potencia de un coche tiene dos posibles aplicaciones: la del transporte de lo que encima lleve y la de la competición. Los caballos que un fabricante aplica a un motor, por lo tanto, sirven para que un coche de turismo de cinco plazas pueda mover el peso propio (tara), el de las cinco personas transportadas y su equipaje, de manera que su máxima potencia pueda ser requerida cuando el coche tenga que afrontar una cuesta arriba. Si en vez de 120 caballos un turismo de tipo medio de cinco plazas, tuviese sólo 50, es evidente que jamás alcanzaría velocidades superiores a las permitidas, en llano y cargado, pero tampoco podría afrontar las cuestas de las carreteras de montaña, sin que el motor reventase. Por lo tanto, el fabricante dota a cada vehículo de aquel motor que al menos cumpla unos mínimos de rendimiento en las diferentes circunstancias en que puede ser usado, y no es lo mismo que vaya con cinco personas y su equipaje, que con una. A menos peso transportado mayor rendimiento. Así que, pedirles a los fabricantes que castren los motores es demostrar una ignorancia impropia de aquellos a los que se les brinda una tribuna de opinión. No digamos si a un caravanista se le pretende obligar a remolcar su caravana de 1.000 kilos con 50 caballos por alguno de los puertos de montaña.

Pero hay otro aspecto de los limitadores de velocidad que se reclaman con un argumento banal e incongruente. Porque ¿cuál sería el límite? Si nos atenemos a las autopistas sería el de 120; pero en las carreteras secundarias el límite es de 90. Y en las travesías urbanas de 50. Si se nos impusiese el primero, en las rutas secundarias que es donde más accidentes se producen podríamos seguir yendo despendolados, y con muchísimo más riesgo para nosotros y para los que vengan de frente que en una autopista a 150. Si la limitación fuese a 50, el despendole sería una procesión de Semana Santa que desembocaría en el atasco total.

Y después de todo esto, resulta que hay decenas (quizás de cientos) de conductores que circulan sin carné y sin seguro; y los borrachos, especialmente aquellos que tienen pasta y buenos coches, y los drogatas, siguen estando ahí, en la mayoría de los accidentes. Y para colmo, si no tienen carné ni seguro les va de maravilla porque suelen ser insolventes y ni pagan la multa ni les pueden quitar el carné; ni los meten en la cárcel. Y a los borrachos con pasta, les importa un pimiento una sanción por dura que sea, pues teniendo pasta paga y sigue. En medio de estas situaciones extremas (que existen) están los que piensan que pueden conducir, al tiempo ir pendientes del “navegador”, escuchar música y si se tercia, hablar por el móvil. Si encima es un caravanista…

Mi conclusión es que las leyes tienen que ser más contundentes, más rápidas en su aplicación (algo difícil con los atascos de los juzgados), y la presencia de los agentes de tráfico más visible. Pero con todo esto no bastará, si en los restaurantes de las gasolineras se sigue despachando alcohol, o si no hay una formación de base de los ciudadanos. Quizás se lograría rabajar la estadística, pero accidentes y muertos los seguirá habiendo.

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

 

SOBRE INCENDIOS EN GALICIA:
DE DINERO Y SANTIDAD… LA MITAD DE LA MITAD

(Si pasas el "ratón" por encima de las fotos, te darán ideas)

De mis tiempos como redactor en los medios informativos, aprendí algo tan elemental como que las únicas certezas de las que se podían fiar los lectores, eran la fecha y el precio; y, por extensión en el resto de los medios (radio, tv, Internet, cine, historia, etc.).Nadie se atreve a decir lo que todos pensamos Fuera de estos dos datos, el resto de lo que nos llega en los medios informativos es manipulación, según la tendencia política de cada uno de ellos, o los intereses económicos de los que depende su subsistencia que, al fin y al cabo, vienen a ser el poder de los “lobbys”.

Así que me acojo al viejo refrán, y de las hectáreas de bosque quemadas en Galicia, si el señor Núñez Feijoó (paisano mío para mayor INRI) dice que fueron 180.000 le quitaré la mitad, y siendo que resultan 90.000, estimo que son hectáreas suficientes para que los gallegos recordemos aquellos versos de Rosalía de Castro: “Negra sombra que me asombras…”

FALACIA

El señor Núñez Feijoó ha incurrido en la misma falacia, pero a la contra, que su “jefe”, Mariano Rajoy, cuando en el tema del “Prestige” se refirió a “unos hilillos de plastilina” minimizando y dando por zanjado el daño que aquel naufragio produjo; daño que luego serían toneladas de “hilillos” que los marineros sacaron, con la única herramienta disponible que no fue otra que sus manos, de la mar, sin que nadie de su cuerda pidiese perdón a los gallegos por tal ocultación de la mayor catástrofe ecológica de todos los tiempos; ni siquiera se sonrojase. Núñez Feijoo estira hasta el delirio el daño causado por el fuego sin pararse en barras del ridículo que hace al manejar datos no contrastados. Para colmo, reclamaron la presencia del Gobierno del Estado, y cuando “alguien” vino, salieron con que se había hecho tarde y para “hacerse la foto”, pese a que llegaron al tercer día de la ola imparable de incendios, mientras Aznar lo hizo a los 31 y escondido cobardemente en la Torre de Control Marítimo de A Coruña, para evitar los abucheos de unos ciudadanos indignados y hartos de escuchar sus mentiras.

La foto que, precisamente, el propio Núñez Feijoó se hizo delante del impávido Mariano Rajoy, ambos en mangas de camisa, con una manguera de jardín apagando un fuego que le prendieron para mostrar un arrojo, una valentía imponente, y un “manos a la obra” que, desafortunadamente para él y su jefe, también conocido por “el señor de los hilillos”, de la veintena de fotógrafos “ad hoc” que les acompañaban, uno se desmarcó para tomar el plano del ridículo que estaban haciendo sus colegas al fotografiar tal estupidez, quedando claro que, si tal era el peligro y tal la necesidad de ponerse “m¿Plastilina era ésto?anos a la obra”, las cámaras, los micros y los bolígrafos deberían de haber quedado en segundo plano, y todos estos lameculos de la información pagada, que aceptan tal patraña, ponerse a trabajar con las palas para atajar el fuego, si no fuese que la realidad fue que no hubo otra cosa que el paripé para hacerse una desafortunada y ridícula foto. Al tal ridículo, Mariano Rajoy respondería, al ser preguntado en alguna de sus numerosas y críticas ruedas de prensa de estos días, que se trató de una anécdota sin importancia… O sea: los “otros” vienen a hacerse la foto, pero si con tanto descaro como estupidez se la hacen “ellos”, entonces no tiene importanciacomo los “hilillos de plastilina”, claro.

NADA NUEVO

El año pasado, desde mi casa de madera, he visto arder por enésima vez el monte. Y este año desde el camping O Muiño he vuelto a verlo de cerca, en los montes de los municipios de Santa María de Oia, Mougás y Baiona, que es como decir el litoral de la Galicia del sur. Y, entre este litoral y el río Miño, ardió bastante de la sierra de A Grova, que son las cumbres que cierran al Este, ese litoral. Ardió hasta que quiso en el monte de pinos y eucaliptos, y hasta que lo pararon en los aledaños de viviendas rurales del entorno, chalés, restaurantes, gasolineras, hoteles, campins, granjas y establos. O sea: no era tanto el problema del monte que ardía como todos los años, sino donde ardía; y, si el fuego del bosque es siempre virulento (lo que arde no es la madera sino la resina) y espectacular, en esta ocasión la proximidad de los núcleos urbanos (Galicia tiene cientos de núcleos desperdigados por toda su geografía) sembró el pánico entre los ciudadanos. A eso se añadió la tragedia de algunas muertes y que los medios informativos, que en verano tienen poco de que hablar (exceptuando a la Pantoja y la guerra del Líbano) y con que llenar su menguada paginación, o la tarea de los suplentes de verano en emisoras y teles, que rápidamente dieron énfasis hasta la náusea a la “ola de incendios” con múltiples comentaristas y tertulianos, encuestas a alcaldes afectados (casi todos el PP); a ecologistas (cada vez más contradictorios entre sí y según tendencias); a sindicalistas (otros que tal bailan); a catedráticos (ininteligibles, como siempre); a ciudadanos veraneantes (que no tienen otra impresión que se les “jodían las vacaciones”); a paisanos (cuyo problema son sus casas y sus corrales, y el monte les trae sin cuidado); y claro, al final, por más que pretendas informarte te quedas con tus propias conclusiones. Y a eso voy:

LES TRAE AL PAIRO

La primera cuestión es que a los paisanos (y yo vivo en un municipio rural con muchos y espesos bosques, y soy comunero de un monte que rodeamos nueve pueblos) el monte les trae al pairo. Hace 30 años íbamos todos los vecinos con ramas y calderos de agua a apagar el fuego. Después empezaron a venir brigadas del ICONA con un ingeniero dirigiendo y algún avión a colaborarAl menos 6 veces quemaron  alrededor de mi casa; y sigue verde.. Y, desde hace unos años, los vecinos ni se molestan en contemplar el espectáculo del monte ardiendo, y dejan a las brigadas y a los responsables del gobierno de la Xunta (que tiene transferidas estas competencias) que se encarguen de apagar “o lume”, que para eso les pagan, salvo, claro está, que amenace a las viviendas: entonces el vecindario responde con toda la solidaridad y el esfuerzo, todos a una. ¿Por qué reaccionan así?

Dicen los expertos que a los paisanos el monte “les estorba”, que no lo necesitan, que por eso ni lo cuidan ni lo limpian del matorral que crece entre los pinos que alcanza alturas de más de un metro y que lo hace intransitable; que no necesitan la leña, que tienen butano; que sus viviendas, ahora, tienen el confort de las de las ciudades. Como muchos son cazadores, tal cual está el monte no les permite entrar y cazar… Y luego están los madereros, que contra lo que algún medio o algún político vino a decir, la madera quemada (ojo: sólo se quema la resina) se compra a bajo precio porque, o se corta, o a los pocos meses se pudre y entonces es inservible; y sin resina, en las plantas de celulosa les viene al pelo que se ahorran el proceso de quitársela. Si, como en la serranía de A Grova, hay caballos y vacas criadas en libertad y de propiedad común, a más bosque menos pastos; y si el bosque es de eucaliptos, ni agua queda bajo el suelo con lo que los manantiales se secan y el ganado en libertad no puede beber. Por lo tanto, si queremos pastos, el bosque de pinos y eucaliptos ha de ser quemado. Esto es lo que piensan los paisanos y algunos, hasta lo dicen. En todo caso, lo hacen.

Los ecologistas, según su tendencia, sientan principios de actuación que se contradicen: Los pinos y los eucaliptos no son árboles autóctonos, y la política de reforestación ha de ser con carballos (robles en gallego) y castaños que sí son autóctonos pero tardan 50 años en hacerse. Los gobiernos de la Dictadura -siguen diciendo- han repoblado los montes con especies de crecimiento rápido, y ahora sufrimos las consecuencias: falta de pastos, manantiales que se secan, incendios que se provocan. Pero otros dicen que los gobiernos tienen que prevenir estas contingencias, limpiando y defendiendo el bosque. ¿Pero qué bosque? ¿El que ellos dicen que ha sido una repoblación equivocada y perjudicial y que tiene que ser sustituido por especies autóctonas? ¿En qué quedamos: se trata de defender lo que hay o de sustituirlo? ¿Y si hay que sustiuirlo cómo se hace, sino quemándolo?

De los catedráticos mejor no decir nada: aparcen en los medios, predican desde sus despachos universitarios, parece que quieren decir algo, pero al final no hay quien les entienda ni les haga caso, seguro que porque se tapan con verborrea dialéctica para no pronunciarse.

¿QUIÉN QUEMA EL MONTE?

Sin duda hay pirómanos y perturbados mentales, también jovenzuelos irresponsalbes que se divierten… y brigadistas a los que el nuevo gobierno de la Xunta les ha ofrecido, como todos los años, el contrato, pero como peones. Esta zona de matorral ardió hace ahora un año, y ya reverdecePorque entre los brigadistas no todos ganan lo mismo ni trabajan en el mismo tajo. Más claro: los hay enchufados, como en la “mili”, como en las obras, como en la RENFE, como en AENA, como en IBERIA, como entre los funcionarios… y, cuando cambia el “color” de un gobierno cambia la situación de los enchufados. Entonces el contrato no es el mismo que le ofrecían en años anteriores, y hay que aceptar el de peón en primera línea de fuego y eso significa ue hay que currar. No le ofrecen el de “jefe o jefecillo”; o el de conductor del todo terreno; o de la motobomba; o en el cuartel general dando o pasando órdenes desde la centralita. Algunos de éstos aceptaron de mala gana el cambio de “rol” y otros rechazaron el contrato. “Ellos eran los expertos”, según los propios políticos del PP se encargaron de alertar ante los medios informativos, cuando la ola de fuego se empezó a extender como una maldición: “Desmantelaron nuestro sistema y dejaron fuera de los contratos a nuestros expertos (léase: enchufados)… y estas son las consecuencias de la bisoñez de un gobierno inexperto e ineficaz que está desbordado”. Nos acusaron cuando el Prestige y ahora ellos tienen su propio prestige. Blanco y en botella.

Me imagino que estas consignas, “alguien”, debió de corregirlas, ya que se volvían contra quien las propalaba, y cada vez fueron menos utilizadas, porque del “otro” lado enseguida contestaron que a todos se le “había ofrecido el contrato" y que los principales responsables de la lucha contra los incendios “son los mismos” que con el anterior gobierno de la Xunta, y esto lo apoyaron con nombres y apellidos. Incluso que ni siquiera eran gallegos ni sabían hablar en gallego. Porque, oído así de claro, sonaba, o más bien retumbaba, a que el fuego estaba siendo planificado por los resentidos y expertos enchufados del anerior gobierno del PP. Algo que, no olvidemos, parecería posible con las elecciones municipales a tiro de piedra. Porque ¿cuál es el perfil del enchufado de turno?: sin duda y por decirlo gráficamente, aquel que, llegadas las fechas, “pega carteles” y ayuda en las campañas.

Los incendios son todos intencionados. La colilla y la barbacoa, el descuido, apenas incide en un mínimo porcentaje. Haya o no haya trama criminal, o inducida, este año los que prendieron fuego en su mnayoría eran expertos, y son difíciles de descubrir y casi imposible de demostrarles nada.

AdAl fondo del campin arde la sierra de A Grova.emás de locos, pirómanos, muchachos que se divierten (la cultura en sus hogares sobre el respeto y el amor al monte no existe), ancianos perturbados, brigadistas no contratados, brigadistas que prenden fuego para asegurarse los contratos, madereros y especuladores, además de todos estos tiene que haber algo más difícil de descubrir, porque este año no ha sido como todos los anteriores, que el fuego empezaba en mayo o junio, y en julio y agosto, incluso en septiembre, alcanzaba su mayor intensidad. Esta vez el fuego apenas se dejó notar hasta el 2 de agosto y en diez días ardieron, dicen desde la Xunta, unas 80.000 hectáreas. Todo en diez días y todo en lugares estratégicos, poblados, cerca de nudos de comunicaciones, a favor del “nordés” para que se “viniese” siempre sobre los núcleos urbanos donde el turismo estaba en plena temporada. Todo en el litoral de las provincias de A Coruña y Pontevedra, en el eje de la autopista que vertebra Galicia de norte a sur, y todo al mismo tiempo como si se obedeciese una orden de ataque. En la de Ourense muy poco para lo que estamos acostumbrados y en la de Lugo casi nada y en el litoral del norte, nada. Y todo, siendo así, no es casual; siempre varios focos a la vez, en los lugares precisos para que además del espectáculo y la virulencia de las llamas, se produjese el pánico. ¿Existe una trama? La belleza de Galicia es incuestionable.No soy yo quien para afirmarlo ni desmentirlo: será la Guardia Civil y la Justicia quien lo investigue y lo descubra. Tampoco había, hace 20 años, ninguna trama de narcotraficantes en las rías gallegas, sólo una trama de contrabandistas de tabaco rubio. ¡Y vaya si la había: hasta con submarinos!

Y LOS PERROS NO LADRARON

En todo lo que sobre este drama se ha escrito, lo mejor y más acertado se lo he leído a un columnista, me parece recordar que de La Voz de Galicia: se preguntaba “por qué los perros (de los pueblos) no ladraban”. Porque en estos pueblos de Galicia, cuando aparece un extraño de inmediato desconfían de él, digamos que “lo fichan”; y los perros ladran. Si los perros no ladran, si los vecinos “no fichan” a un extraño, es que no hay extraños a quien fichar por los paisanos, ni los perros tienen a quien ladrar. Como el monte no arde solo, el que prende fuego es alguien del pueblo, por eso los perros no ladran. Dura conclusión ¿verdad?La pregunta del porqué no ladran los perros es demoledora.

Si han ardido 80.000 hectáreas de bosque y viene a ser así como el doble de la media de los últimos 20 años, se ha de entender que, cada año arden unas 40.000, y que en 20 años han ardido 800.000 hectáreas. Pues, sinceramente, no me lo creo. Y tengo unas razones incontestables: Se está midiendo por parte de los expertos de la Xunta (que son funcionarios y no políticos) mediante GPS; y las “web” de la ultraderecha dicen que según la NASA de la que el PP, mientras gobernó, nunca hizo caso, hablan de 180.000; y, también miden los de la Unión Europea que se quedan en 88.000. Pero todos estos hablan de ¿hectáreas de bosque o de hectáreas de monte? Porque no es lo mismo, y observando las fotos publicadas se aprecia que no siempre son árboles lo que vemos quemado, sino el monte bajo. Y, en directo, en los montes de la sierra de A Grova, ardió bosque y ardió monte bajo. Eso he visto. Como he podido ver que entre el camping de O Muiño y Ourense, 140 kms. de autopista, apenas hay algún punto que haya ardido y casi todo el recorrido es bosque verde, que por ahora, se ha librado; incluso en Ourense, el espectacular incendio que tuvo a todos “con el corazón en un puño”, si obviamos el peligro para casas y personas mayores (por el humo generado) no es ni de lejos apreciable desde un satélite lo que ardió, y para nada el peor de los incendios que hemos sufrido en los aledaños de la capital. Además, todos los años en esa misma zona se produce algún conato de incendio que precisa la intervención de los bomberos municipales, porque allí está el vertedero de basuras permanentemente en combustión, y no siempre controlado. De esto en el PP no se dice ni mú, porque alcalde y presidente de la Diputación (que por cierto llevan años a la greña) son de ese partido.

SE HAN PASAO

Aunque parezca lo contrario no estoy señalando al PP como “inductor” de todos estos incendios; sólo trato de contar lo que veo, los hechos que se pueden constatar, como las precipitadas declaraciones de los políticos, realizadas ya el primer día como si tuviesen la lección aprendida; el que Rajoy, al que se le estaba requiriendo desde el “otro” lado para que manifestase su posición en torno a las matanzas de civiles en el Líbano y que no daba señales de vida, resucitase para señalar la incapacidad del Gobierno de Zapatero y por extensión de Touriño; para hacerse la vergonzosa y ridícula foto de la manguera; las cifras de hectáreas quemadas que luego han tenido que corregir; la suma de las hectáreas de monte bajo englobadas en las de bosque; pretender que una tarea que se aprecia que está estratégicamente calculada se debe a que no se contrataron a los expertos que el gobierno anterior tenía perfectamente adiestrados (16 años de Fraga a 40.000 hectáreas por año son la friolera de 640.000 que no recuerdo que aquella Xunta nos hubiese informado a los gallegos de tan brutal catástrofe). En fin, de los medios informativos no es bueno fiarse, y que nadie dude que ahora que empieza el mundial de baloncesto y la liga de fútbol, o que las vacaciones de los políticos concluyen, ahora que ha llovido dos días seguidos y acabó de rematar lo que ya, desde tres días antes había sospechosamente amainado, el asunto de Galicia pasará a segundo plano, de indemnizaciones se irá hablando cada vez menos, y como el “Prestige”, si te he visto no me acuerdo.

¿Y, A QUIEN HAY QUE INDEMNIZAR?

Por cierto, esto de las indemnizaciones no lo acabo de entender: ¿A quién hay que indemnizar? A los particulares no porque a ninguno se le han quemado 500 hectáreas de bosque, porque nadie es dueño en Galicia de tal extensión; a los comuneros, como es mi caso, tampoco. Es curioso que la mayoría de los municipios afectados, o por lo menos los alcaldes que han salido en los medios, son del PP; si las indemnizaciones han de llegar lo serán a estos municipios que seguro que tienen cada uno esas 500 hectáreas quemadas, siempre que sumen bosque y matorral.El litoral del sur de Galicia es salvaje. Al resto de los particulares (viviendas, granjas) se supone que lo tienen todo asegurado. Cuando el “Prestige”, todos los marineros y mariscadoras (por lo regular esposas y familiares de ellos) recibieron un subsidio del Estado al no poder salir a faenar. A todos nos pareció justa esta acción del Gobierno de Aznar y de la Xunta de Fraga. Pero también hubo muchísimos voluntarios venidos de todas partes que, a los pocos días, se les “agradeció” su solidaridad y se les “invitó” a regresar a sus casas; justo coincidiendo con la “contratación” por la Xunta de una empresa que se “iba a responsabilizar de estas tareas”, que aportaron mano de obra que, cosas de la vida, volvían a ser en su mayoría aquellos que no podían faenar. Llegadas las elecciones municipales, en los lugares más castigados por el chapapote, salieron reelegidos los mismos alcaldes y concejales del PP. El “amiguismo” funcionó porque para eso se “engrasó” el sistema.

Así que no es descartable que, llegadas las ayudas que se han prometido, muchos brigadistas vean prolongados sus contratos en el inmediato invierno; el problema saltará a la mesa cuando haya que discriminar si esas ayudas las maneja la Xunta o cada ayuntamiento: porque cada cual buscará rentabilizarlas, como ocurrió con las del “Prestige”. Porque en el caso del "Prestige" fueron muchos los marineros y mariscadores que se quedaron sin poder faenar y fueron sujetos de esas ayudas y subsidios; pero en el caso de los incendios ¿a quién hay que subsidiar? ¿de quién es el monte? ¿qué beneficios dejan de percibir los vecinos de esos montes quemados? ¿se pagarán todas las hectáreas quemadas o sólo las de bosque? ¿se venderá la madera chamuscada a las fábricas de celusosas? ¿quién la venderá y por lo tanto quién es el beneficiado directo de que haya ardido el bosque? ¿por qué la mayoría de los municipios en los que ardieron los montes están gobernados por alcaldes del PP? ¿por qué en varios de estos ayuntamientos la oposición denunció que los alcaldes rechazaron las ayudas preventivas que les ofreció la Xunta? ¿por qué alguno de estos municipios la motobomba se empleaba en regar la plaza del pueblo mientras ardía el monte? ¿por qué estos alcaldes del PP no quisieron que la Xunta estuviese presente -para seguimiento de las ayudas preventivas- en las mesas de contratación de los miembros de las brigadas? ¿qué obscuros chanchullos existen en esas contrataciones?Según Trillo, las playas estaban esplendorosas... ¡Hay que tener jeta!

Encontrar respuestas a estas preguntas es hurgar en la financiación y en la red de clientelismo caciquil que impera en los municipios gallegos; y, de rebote, a lo mejó, en la trama estratégica que llevó a cabo esta devastadora y espectacular (y rentable para más de uno) catástrofe ecológica. Porque nada ha sido casual ni se mantiene en lo que hasta la fecha habíamos conocido en Galicia: además de pirómanos, dementes y juerguistas, existe una trama criminal que, por prudencia, nadie se atreve a denunciar públicamente, pero todos los gallegos somos conscientes de su existencia, y si no se logra descubrir no es porque como dice Rajoy, no exista, porque estamos comprobando como, en Marbella, no existía tampoco una trama criminal sostenida por promotores de inmobiliarias, políticos, funcionarios y jueces corruptos, frikis, tonadilleras y gente guapa... no existía en todos estos años pese a las exhibiciones del fallecido Gil y Gil, hasta que un juez que no se dejó corromper, se puso manos a la obra y ya vemos que sí, que existía esa trama criminal. Tampoco sabemos la verdad sobre la tramas criminales de la Costa del Sol, dicen que rusas, ni de sus sucios negocios; ni de las italianas que pululan por los núcleos del turismo. Las tramas criminales existen y sabemos qué fines persiguen, pero por se tramas, por ser profesionales del crimen, son expertos en sus tareas y se protegen, pues de lo contrario no lograrían sus fines y acabarían en la cárcel.

SILENCIO SOSPECHOSO

Echo de menos que el “señor de los hilillos”, cuando nos recuerda que él dio la cara y estuvo al frente de aquella tragedia, y que dice que sin duda cometió numerosos errores (¡faltaba más!) explique dónde estaban el ministro polidivorciado y polipadre Cascos y el presidente de la Xunta Fraga; se queja de que al frente de todo el tinglado de los incendios no “esté nadie” y que Zapatero tardase ¡tres días en venir! pero se olvida de Cascos y de Fraga, ambos de caza por ahí adelante dirigiendo el asunto por teléfono. Tampoco, entre los errores dice ni pío sobre el tema de las fundas (esas blancas de usar y tirar que se ponían los que andaban limpiando el chapapote) que, ¿Estaba detrás del escándalo de las fundas, la financación del  PP de Galicia?digamos que si en las tiendas se podían comprar por 500 pelas, la Xunta contratase a un proveedor que las servía al “módico” precio de 750; ni claro, que ese proveedor era una empresa de un tal Cuiñas Crespo, a la sazón conselleiro de la Presidencia y mano derecha de Fraga, destinado a ser su sucesor. De esto, como no tiene vergüenza ni memoria, Rajoy, no dice nada. Ni de que, descubierto el expolio que este impresentable y poderoso miembro del PP de Galicia y de la Xunta estaba urdiendo, le costó dimitir de todos sus cargos y contemplar como su brillante carrera política se venía abajo con estrépito; eso sí, pero no el negocio, ya que, el nuevo proveedor que se buscó con el “otro” precio, resultó ser -dicen- un testaferro suyo. ¡Hay que joderse la cara dura de este pollo!

Nadie aclaró, por otro lado, cómo se puede explicar que una empresa tapadera que firma un contrato de miles de euros por suministrar unas fundas de usar y tirar, que ya incluye pingues beneficios, se arriesgue con un sobreprecio que como era inevitable, la competencia denunció rápidamente destapando el escándalo. No es que Cuiña Crespo arriesgase como arriesgó el contrato, es que hundió su carrera política y la imagen de "el hombre màs fuerte y poderoso" de la Xunta y del PP de Galicia. Más de uno sospechamos que detrás de esa empresa y de ese margen comercial no estaba la ambición y la avaricia de un personaje que, desde la llegada de Fraga al poder, estaba harto consolidado en lo político y en lo económico. ¿Entonces? Entonces ese margen abusivo pudiese corresponder a la financiación del partido. Porque Filesas, Gescarteras, Afinsas, Marbellas y otras especies de las faunas financieras, como las meigas, haber hailas. (El precio que cito no es el real, porque no sé a cuánto se vendía cada funda, pero en lo que recuerdo de lo denunciado en los medios informativos, el margen abusivo podría ser algo parecido. No olvidemos que hablamos de cientos de docenas de fundas... de palas, de contenedores, y que todo procedía del mismo proveedor).

Queda claro que no me invento nada: cuento lo que escucho, lo que leo, lo que veo, y lo que se puede constatar; otra cosa es que algunos políticos y los medios que utilizan como altavoces, columnistas y tertulianos, se callen o cuenten sólo la parte que mejor se acomoda a sus intereses empresariales. A los lectores que habéis tenido la paciencia y la cortesía de leer estas líneas, recordad: el precio y la fecha, el resto, basura informativa. ¡Eso sí: si queréis ayudar a Galicia, venid y visitarnos!

Cordiales saludos.